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Pepi Bauló

La emoción y los pellizcos o la música calmada de Carles Benavent en Luz de gas

Escrito por Pepi Bauló el día 03/12/2009

Una crónica de Annabel Lee y Pepi Bauló by La Candela Digital ;)


Barcelona, 25 de noviembre 09

Miércoles agotador en medio de una extraña semana primaveral en el otoño barcelonés. Pero me acercaba, acelerada y feliz, a la sala Luz de gas a encontrarme con mi amiga Annabel para ver actuar, por segunda vez en poco tiempo, al bajista Carles Benavent. Sabía, lo sabía, que su presencia en el escenario me garantizaba la deseada calma y el bienvenido sosiego. Tras la cerveza preliminar y la corta excitación de la espera así fue. A pesar de que Quartet, su último esplendoroso trabajo, esté lleno de energía y vitalidad, una especie de descansado deleite se instalaba en mi corazón y, quiero suponer, que en el de muchos de quienes allí estábamos, asistentes a esa especie de celebración sacra y a la vez pagana de sus conciertos. Nadie tema un ataque de trascendencia por mi parte pero, cuando tras el concierto, mi amiga me pide: “Cuelgo en internet los vídeos que he grabado pero tú escribe algo, venga”, esa comparación válida para muchas de las actuaciones musicales a las que tengo la suerte de concurrir, me sirve de mucho para hablar de Benavent. Pocos han logrado entrar en los templos del flamenco, respetuoso pero con determinación, como ha hecho él: con el sonido de su púa maravillosa, ganando allí un nuevo espacio para el jazz. Paco de Lucía y Camarón apadrinaron con su presencia el alumbramiento, pero sin la rara forma de entender el bajo de Benavent, rara por arriesgada y preciosa, no habría sucedido el milagro de generosa fusión, no en esa forma. Por eso menciono lo sacro y lo profano, porque en lo que Benavent hace desde hace casi treinta años hay tradición y afortunada traición de los géneros.

Esa noche, el ritual sucedió una vez más y, para mayor alegría, soplaron vientos anunciando nuevos derroteros. Carles Benavent acompañado de Roger Blavia a la batería, Jordi Bonell a la guitarra eléctrica y un joven mago, Ravid Goldschmith, tocando el hang, nos introdujo en la atmósfera perfecta, un microclima de sonido en medio del que sorprender in fraganti las relaciones apasionadas y apasionantes del jazz y el flamenco. Benavent fue avanzando por los nuevos temas con una sonrisa en los labios y en los dedos, sonrisa del que se sabe maduro y dispuesto para enseñar. Sin alarde, sin solos que buscasen el aplauso, sin grandilocuencias. Poquito a poco, citando tranquilamente pasajes de su vida, su entorno, sus gustos, los de sus maestros y los de sus compañeros de viaje. Los dos ejemplos en forma de vídeo que acompañan estas palabras, y que las hacen casi prescindibles, sirvan de pequeños tragos. Recomiendo, no obstante, se intente conseguir la botella entera en directo, cuánto mejor, o en grabación, cada uno a su modo.

Jazz y flamenco, emoción y pellizcos, no lo digo yo lo dice Benavent refiriéndose a los sentimientos que habitan y conforman ambos géneros. Pero en el caso de Quartet hay un algo más, y también un algo menos dramático sin menoscabo del sentimiento. Este es un trabajo absolutamente redondo, aquilatado, gozoso. Hay tanto oficio de años y tanta ilusión por ponerlo al servicio de formas contemporáneas que sólo puede merecer un aplauso generoso. Insisto, me parece una de la propuestas de Benavent más atmosféricas que he tenido el placer de escuchar, más conectadas con el deseo de ofrecer y compartir una experiencia sensorial. Trataré de explicarme.

Se ha dicho, se dice, se repite y esa noche, mi entusiasmada acompañante y yo, lo volvimos a decir sin pudor porque es cierto: Carles es la elegancia personificada sosteniendo entre sus manos un bajo. Sobre todo, ese modelo de inspiración gaudiniana bautizado Barcelona y construido en especial para Benavent por el luthier polaco Jerzy Drodz. Un instrumento bellísimo que creador e intérprete concibieron detalle a detalle y perfeccionaron con paciencia. El conocimiento de la mandolina de Benavent, su experiencia, el conocimiento de su propia anatomía como tañedor han hecho como es al Barcelona: fascinante para propios y extraños. Pero si esa noche había que hablar de instrumentos, sin titubeos, el elegido era el hang. La historia es bonita: Benavent lo escuchó tocar en las calles del gótico barcelonés mientras paseaba y su hipnótico sonido quedó en su mente hasta que, en un próximo encuentro con el artista israelí, no dejó pasar la oportunidad de ofrecerle un lugar en Quartet. Un lugar sorprendentemente idóneo para ese raro instrumento, mezcla entre gong y campana, que con ayuda de las manos produce ocho notas calmadas y majestuosas en juegos del metal con el aire. Tal vez, ese encuentro, ese hallazgo sumado al despliegue instrumental de Quartet sea una casualidad buscada, perseguida por Benavent. Bonell y Blavia disfrutaron e hicieron disfrutar al maestro y a la concurrencia con su buen hacer siendo cómplices en la persecución que presupongo, convictos y confesos del mismo delito. Y si siempre me gusta acabar respondiendo y respondiéndome a las preguntas con más preguntas, esta vez alcanzo el mayor contento porque para hacerlo tendré que dejar de escribir y volver a escuchar… Quartet de Carles Benavent. Si me disculpan.
Salud y saludos.

comentarios

hamlet, el loco

Gracias, gracias, gracias.

Escrito por hamlet, el loco el día 03/12/2009

Esperaba esto como agua de Mayo, queridas, ya lo sabíais.
Gracias por la currada de colgar DOS vídeos , ahora que sé lo que tardan.
Y muchas gracias por la detallada y sentida crónica.
Música y palabras. No sé si hay nada más que nos haga humanos: el ritmo, que decía Rico en aquel texto del otro día, la repetición, la simetría, la cadencia que imprimimos a todo lo que hacemos, y que cuando se la aplicamos al lenguaje, lo llamamos poesía.
Sin embargo, Pepi, no siempre la poesía sale a base de medir, a tí te ha salido redonda, puesto que a las palabras has unido la esencia de la música, y... pa qué enrrollarme más, este trozo de Candela os ha quedado especial.
Al próximo Benavent....voy ya sin falta, no quiero postergar más esta "experiencia atmosférica".

¿Os he dado ya las gracias? Besos.