22 Septiembre 2008

Canciones que todavía no existen

Archivado en: Notas sobre música

Con la última década del pasado siglo, la sociedad española iniciaba un giro de signo muy distinto a los cambios que durante la transición permitieron llenar el aire de nuevas canciones. Las marcas comerciales se adueñaban del deseo de ser o parecer rockero, mientras el poder orientaba con deliberación sus consignas hacia la pasión por el deporte.

Toda una generación de deportistas españoles sube hoy a lo más alto del podio, el deporte se ha convertido en gran empresa pública. Las canciones entretanto han perdido todo afán de originalidad, forzadas por el cálculo de audiencia en los medios. Los jóvenes hacen cola para probar el estrellato, listos para soportar cualquier humillación, siempre y cuando sea ante las cámaras, con la bendición de sus padres. Los concursos televisivos de canto proliferan, mientras el repertorio se limita a la repetición estéril.

La pasión por el deporte –el amor popular a sus ídolos quemados en pocos años– y la banalización comercial de las canciones parecen responder a un mismo patrón ético que no resulta ser ni musical ni deportivo. En Grecia antigua la música compartía con la educación física la responsabilidad de formar buenos ciudadanos. ¿En manos de qué oscuro sentido del bien común han cedido una y otra sus valores?

Los adolescentes intentan escribir nuevas canciones, pero la sociedad mediática les da la espalda, atenta sólo al estribillo conocido. El público educado por el rock envejece llenando festivales de jazz. La música de improvisación se ha hecho merecedora de reconocimiento por aunar la tradición afroamericana con el flamenco, pero necesita nuevas canciones para no repetir siempre la misma copla.

Una buena canción no nace del talento solitario, sino de una trama de implícitos renovados por el ingenio popular, cuando se opone al chiste recurrente. La canción pone en juego una modalidad de inteligencia que pocas veces se desarrolla en las aulas, nunca entre los que especulan con el suelo o la audiencia pública.

Estamos ante un serio problema educativo. La excusa para frenar la cultura heredada de los sesenta es la supuesta tendencia de los jóvenes a confundir música y vicio. Suposición errónea, si atendemos a la generalización de la corrupción en otras capas de la sociedad. La cultura del rendimiento forzoso se parece mucho en realidad al uso de estímulos artificiales.

Lo que se teme de los jóvenes no es tanto la formación de malos hábitos, más propios de los adultos, sino la capacidad de concebir algún valor que no se reduzca a mercancía. La educación musical no solamente influye en el sentido de las proporciones, como decían los antiguos griegos, sino que nos convierte en testigos y artífices de vínculos que ningún programa político recoge.

Sin buenas canciones los especuladores triunfan, pero los deportistas no saben qué entonar en sus celebraciones. Los humoristas se ponen pesados, las artes y las letras se quedan sin un aliado imprescindible. Los políticos imponen su visión restringida de lenguas y naciones, la sociedad entera sufre una carencia de aire fresco, de ganas de inventarse.

¿Se imaginan un país en el que se pusiera de moda renunciar a toda forma de beneficio poco honesto, donde el machismo no se cobrase una sola víctima, donde las diversas comunidades y lenguas se exigiesen unas a otras lo mejor de sí mismas, en vez de replegarse sobre un sacrosanto simulacro de identidad? Ese país sólo existe en las canciones. En las canciones que todavía no existen. Pero es el único que reconozco como propio.

Artículo escrito para el suplemento Babelia del periódico El País.

Comentarios de los lectores

Por pilar
¿Y si el motivo de que estas canciones no existan fuera que aún nadie ha sabido expresar a través de ellas nuestros sentimientos y deseos más profundos?
11/12/2008 | 12:46

Por Alice
Más bien este artículo de S.Auserón tendría que titularse \"sobre canciones\" más que \"sobre música\". La canción implica un género de escritura unido a melodía, ritmo, canto, etc; la escritura, transmisión de mensaje conceptual. La música en cambio, es un lenguaje en sí misma, y su mensaje... pues aún estamos descubriendo cuál es la pulsión de sentido que expresan ritmos, melodías, armonías, que desde la noche de los tiempos, entona y complica el ser humano. Sobre música en nuestra sociedad y más en concreto en nuestro territorio político español, conocer que se está dejando en manos de dos monopolios: la sgae y los aparatos políticos que intervienen en cualquier iniciativa cultural que tenga visos de salir de la marginalidad económica. Siendo un artista inquieto, supongo S. Auserón seguirá prestando un poco de atención a lo que pasa en la calle, de las dificultades de l@s músic@s con formación, como los músicos de jazz, salvo algunos nombres consagrados por la industria, para sencillamente: tocar en directo y de paso, ganarse el sueldo. En Sevilla por ejemplo, ciudad cuyo gobierno socialista ha conseguido la condecoración por parte de la Unesco de \"Ciudad de la Música\", se da la triste paradoja de que la música está perseguida; quizás no la música electrónica, quizás no los eventos vacíos de contenido que organiza el ayuntamiento, o los grandes festivales escaparates turísticos, o los conciertos de las mega estrellas; quizás no algunos locales que llevan veinte años funcionando o los que tienen algún padrino, como dicen por allí, porque mafia, no sólo en Napoli existe... Pero los espacios que quieren programar de manera estable e independiente, son sistemáticamente clausurados. El último ha sido un lugar llamado LABERINTO, con programación semanal de flamenco, jazz, étnica... una raya en el agua del Guadalquivir... después de un año y medio de intenso trabajo, comportamiento cívico, y de dar vida a los músicos de la ciudad y al público cotidiano, orden municpal de clausura. Ahora, en Madrid, aprovechan el desgraciado accidente ocurrido en un oscuro negocio, hecho del cual el ayuntamiento madrileño se exime de toda culpa, para cerrar la mítica sala LA RIVIERA, según un comunicado de la sala, mediante procedimientos falsos e ilegales. ¿Quiénes tienen interés en cerrar las salas? ¿Por qué esta guerra a la música en directo? Sencillamente, se están cargando la posibilidad de creación, producción y difusión de la cultura musical, que necesita de espacios de encuentro, más que otras artes. Es muy triste para quienes amamos la música hecha por músicos, vivir esta situación de destrucción, de ver cómo las leyes de mercado lo engulle todo, cómo la sgae extorsiona a las salas y se burla de muchos músicos asociados y de miles de ciudadanos, mientras que determinados artistas que han vivido la época dorada de los royalties, se empeñan en perpetuar un modelo absolutamente desfasado, que sólo a unos pocos enriquece, y que destruye la posibilidad de intercambio entre las nuevas generaciones de músicos y de público. Al lado de esta sociedad general de autores, capitalista y millonaria, está el monopolio institucional sobre la cultura. No hay lugar para la gestión cultural independiente, sólo existen los que se apuntan a la falsa moneda de la subvención, dinero público que de mano en mano va, o los que se rinden a pagar los impuestos revolucionarios que dicte la sgae. El análisis de la pobreza musical que se emite por los medios y la educación musical de la población, o de las últimas generaciones, necesita tener en cuenta estos condicionamientos: si no existe independencia no existe creación artística, y la industria cultural politizada apoyando además la voracidad sin límites de la sociedad capitalista sgae, amenaza con extinguir de las ágoras de la ciudadanía, a las clases trabajadoras que puedieran acceder a una sala de barrio donde ver y escuchar música en directo, privándonos del sustento espiritual y compartido, de la música.
23/11/2008 | 01:11

Por Arquíloco
No comparto el diagnóstico de Auserón de la (in)existencia de tal \"ingenio popular\", a no ser que se refiera al \"ingenio mediático popular\", ritualizado como excusa para \"orientar la escucha\". La Recepción del arte sólo corroborra lo que el artista, en tanto ser absolutamente \"uno\" y solitiario en su proceso de producción de la obra, ya había puesto, en pasado, en la recepción, en la obra. Esto subsume una concepción de la cultura un tanto compleja; toda forma de cultura, o toda transformación de las diferenes técnicas, ha evolucionado según el viejo mito de´Prometeo; la base del desarrollo y la exposición pública arranca del cocepto de \"robo\"; el artista Prometo viene de un mundo fuera del mismo lenguaje, y nos trae ese \"regalo\" que, es un robo, que se llama \"cultura\", implicado en una desesperación y agotamiento de las técnicas \"actuales\" en marcha, manejadas por los \"triunfantes\", y que esperan a Prometeo, de nuevo, a que \"invente\" la Cultura. Ésta, entendida como motor de la evoluión social, cuando ya se ha convertirdo en \"robo\"(doble robo: el del hérore y el de los dicididores a Prometeo), poco importa que haya nuevos agentes sociales que desplieguen algo \"que no existe aún\", por ejemplo a partir del estatuto de la \"nueva vanguardia\" artística de finales de los 60, puesto que al ser la cultura algo \"ya en marcha\" está desarrollando unas ideas de las que no es dueña. ¿Quién genera la \"originariedad\" de las ideas? Cuando la cultura es ya un patrimonio colectivo su marcha no depende de sí-misma. Este es el punto de inflexión que desmarca a la Cultura, con mayúsculas, de ser un dispositivo de creación de ideas.
07/11/2008 | 15:30

Por Náufrago
Recuerdo hace un tiempo, no mucho, en una entrevista radiofónica oí que Mª Dolores Pradera decía, no con poca sorna, que había sacado un disco con 12 temas \"porque ahora no se dice canciones, se dice temas\", comentaba. Es lo triste que sucede cuando la música se mide por cantidad y no por calidad, cuando importa más el número de tracks que quepan en el reproductor portátil a su capacidad para conmovernos. Nos convertimos pues, como me dijo un amigo, en devoradores, en tragadores de música en lugar de ser degustadores. Y corremos un serio riesgo: cuando solamente tragas, sin saborear, da igual lo que comas. No sabrás distinguir la mierda del solomillo.
07/11/2008 | 00:00