14 Noviembre 2008

Escrito en el ordenador, y III: Producción de sombras

Archivado en: Cuaderno de filosofía

La escritura y la lectura se enfrentan en la pantalla electrónica a prácticas que pueden conllevar una modificación inminente del concepto de texto. Aplicada al escrito, la referencia etimológica al tejido es una metáfora: se refiere al trenzado del “negro sobre blanco”, a la trabazón lógica de las ideas mismas. La escritura se ha impreso durante siglos sobre un soporte generalmente prensado –no tejido– y blanqueado para la recepción de la tinta, adelgazado a veces hasta la transparencia: la página de papel.

No hace falta que nos detengamos mucho en la historia de los diversos procedimientos de escritura: desde la inscripción en piedra, tablillas de barro, piel o cera, hasta el papel prensado, se va produciendo un proceso de aligeramiento del esfuerzo necesario para la inscripción. Ese proceso parece culminar por ahora en la pulsación sobre el teclado del ordenador, mucho más ligera que la que requería una máquina de escribir.

Sin embargo, lo que ha cambiado profundamente no es la acción manual, más o menos costosa, del que escribe, sino el soporte aparentemente pasivo de la escritura. La pantalla electrónica es un fondo de luz, comparable –aunque distinto- a la pantalla de cine. El papel blanco de la página atraía la luz variable de la hora solar, de la vela o la lámpara nocturna, mientras que la pantalla se enciende a cualquier hora con idéntica luminosidad, proporcionando un fondo que, ante el advenimiento de la letra, pasa a ser activo, emisión de fluido que la letra ensombrece con propósitos más o menos sostenibles.

Esta activación del fondo de lo escrito se confirma en más de un sentido. El trabajo del que lee o del que escribe en la pantalla se aligera, pero no así el de quienes producen en masa componentes de aparatos y programan códigos de software, que a este respecto son como los canteros de piedra, alfareros de tablillas, carpinteros, curtidores de piel de pergamino, prensadores de papel de antaño. Mientras se alivia el esfuerzo necesario para la impresión, aumenta el volumen de trabajo necesario para producir su soporte.

Con la generalización del soporte luminoso para la escritura, hay por tanto una relación de fuerzas de trabajo que varía. Dada una transformación cultural masiva de este tipo, que supone dinámicas cambiantes en el ámbito del trabajo individual y también a escala macroeconómica, no faltan razones para esperar alteraciones en la dinámica misma del pensamiento. Nada extraño, por otra parte, si recordamos que la incorporación del alfabeto de origen fenicio a la escritura griega, o la invención de la imprenta, cambiaron para siempre el curso de la historia.

Harán falta décadas para valorar la incidencia de estas transformaciones, pero parece recomendable retomar en este punto la tarea de los pensadores que han desarrollado su reflexión en torno a los objetos técnicos, para ir vislumbrando alguna posible certeza. Entretanto podemos designar con cierta precisión el motivo que llama fundamentalmente nuestra atención: la relación de la escritura con el fondo continuo luminoso.

Toda escritura es juego de luz y sombra. Cauce o reserva de sombras la incisión en lápidas, tablas legisladoras, frisos con versículos coránicos sobre el arco del dintel, en contraste con la luz implacable. Reflexionar es en buena parte protegerse del sol, contemplar desde un umbral en penumbra la luz que cae sobre las cosas. La impresión en tinta sobre el papel recrea incesantemente ese umbral, elevando el cuerpo de la letra ante la luz. La letra es, en este sentido, comparable con el antiguo gnomon, piquete cuya sombra permitía calcular el tamaño de la tierra, sus movimientos en torno al sol, o la altura de las pirámides. La más vieja herramienta: un palo seco, plantado en el suelo para observar su sombra, es el esquema que reiteran los signos escritos, los palotes que aprendimos a trazar en la escuela.

Pero la escritura independiza la sombra del cuerpo, la convierte en cuerpo cambiante. Sombra que se transforma en cuerpo, erguida ante la luz, la escritura se revela como proyección de nuestro ser, que trata de sostenerse ante el desgaste producido por el paso del tiempo. No solamente la escritura, sino todo arte es producción de sombras, demarcación de espacios, creación de umbrales, resistencia al tiempo. El cine puso las cosas en evidencia al proyectar sombras (luz a través de las sombras que los cuerpos dejaron impresas sobre la emulsión de la película) en una pantalla blanca, al fondo de la sala oscura. No en vano la luz es el personaje principal de la ciencia contemporánea.

Sombras en el fondo de una caverna, proyectadas por una fuente de luz superior que no alcanzamos a mirar de frente, a eso se reduciría el ser de todo lo sensible, según Platón. El ateniense formuló esta metáfora mítica mucho antes de que los hermanos Lumière (¡los hermanos Luz!) inventaran el cine en 1895. Curiosa es la insistencia, en todo caso, con que las sombras oponen resistencia, reclaman dejar huella, traman un texto o tejen un código, proporcionan hueco para la proliferación de los seres, un respiro para la replicación genética, para la actividad del pensamiento.

El papel en blanco es un amasijo de materia que se deja alisar, cortar y plegar, robando al sol pliegos de luz teñidos con el matiz de la hora, sobre las cuales la caligrafía o la tipografía se yerguen con algo de pilar de templo antiguo. La pantalla en cambio se opone al recorte, al plegado, a la discreción ligera de la hoja. El combate o abrazo entre la luz y la sombra se reduce al mínimo equeleto: la alternancia de bits de información, entre uno y cero. La letra que se abisma en la corriente de luz nos habla con el tentador susurro de un agujero negro. Conclusión provisional, entonces, que inevitablemente tiene algo de apocalíptico, que el tiempo se encargará de desdramatizar: en los procesos de escritura, sombra y luz parecen estar intercambiando hoy en día sus papeles. 

Comentarios de los lectores

Por Anonimo
No me gusta nada el texto es mas largo que la polla de nacho vidal
10/04/2012 | 10:38

Por josele canibala
perdón, digo diego: Biblioteca de Babel por Biblioteca de Alejandría. Chau
12/04/2009 | 04:19

Por josele canibala
buenas. se me ocurre una diferencia simple y formal pero quizá no banal en la recepción de ambos tipos de escritura. La lectura en ( la ) red, como su nombre indica, genera una una recepción en la que, siguiendo el símil del cine, son las palabras las que están en movimiento, no por el fondo de luz sobre el que se muestran sino por la posibilidad real, instantánea de que un escrito remita a otro - ventana-, de modo que cualquier texto acabe siendo un subtexto de otro hasta el infinito. Claro está que este planteamiento no dista del clásico -la parte y el todo, la biblioteca de Alejandría borgiana, acaso el átomo conteniendo el universo en su seno-, pero sí es diferente la posibilidad inmediata de saltar de un texto a otro, sí es nuevo el vértigo de la posibilidad infinita del acceso al todo , el vértigo de abismarse a la ausencia de confines. Todo lo cual puede traducirse en la dificultad del \"lector de ordenador\" en concentrarse en un (solo) texto que no podrá \"blindarse\" del resto, que no podrá captar la atención exclusiva y serena del lector del mismo modo que un libro. Haces hincapié en el libro- o el cd- como objeto físico que \"cabe en una mano\" o que puede ser manjable, manipulable. A mí me gustaría hacerlo en el hecho de que un libro tiene portada y contraportada ( se dice así? dos tapas? ) que marcan su principio y su fin. Y claro que en el \"antiguo orden\" también un libro remitía a muchos otros, pero en un momento posterior, no al instante. Y esa inmediatez acaso impida macerar pensamientos, reflexiones, vueltas de tuerca. Por todo ello el lector \"virtual\" tendrá que zafarse de la tentación de la lectura histérica, del tic de avalanzarse al infinito que sólo creará un lector, perdón por la broma fácil, virtual, un mero repetidor de datos.. Como en otros casos, los avances tecnológicos requieren una nueva responsabilidad, casi una deontología de usuario, que haga que reviertan en su provecho las ventajas que dichos avances realmente ofrecen.
11/04/2009 | 04:51

Por Vivi
Siempre es la luz la que nos permite leer, salvo que hayamos aprendido a descifrar el tacto de unos puntos en relieve. La página de papel es legible por la luz que ella misma refleja, la página en pantalla gracias a su luminancia, a la luz que ella misma emite. Ahora fuente de luz y soporte son uno. En ambos casos, se requiere sombra, contraste, es verdad. Una página negra escrita con tinta/píxeles negros sería ilegible en cualquier soporte. El viejito Niepce descubrió la fotografía cuando andaba embetunado hasta los codos tratando de dar con la solución a la necesidad de reproducir imágenes en serie, grabados en aquel entonces. Aquel día puso la caja en la ventana y las azoteas de Gras se colaron en un rayo de luz e hicieron cuerpo en aquel betún de Judea. Así para siempre quedaron. Gracias por esta ventana Santiago. :)
09/02/2009 | 19:33

Por Filosofo en paro
Gracias a la pantalla cualquier individuo puede descubrir una nueva cancion,recordar una antigua,encontrar metodos para llevar a cabo su futura cancion,etc...probablemente seria idilico oir el tocar de esa cancion viniendo del lomo de una ladera,acercarnos a ella y hablar con el pastor que toca para su rebaño y proponerle que nos la enseñe o si quiere venirse a tocar algo conmigo y sid vicious que debe estar apunto de aparecer en una motocicleta con jim morrison,de momento fuera de la imaginacion y en el estado de la naturaleza esto es imposible,pero por fortuna gracias a la pantalla podemos descubrir mas cosas de las que creemos,porque esto es una especie de \"universo\".
12/12/2008 | 00:31

Por Herman
No cabe duda de que esta luminosidad incorporada a la página sobre la que escribimos ha de transformar de algún modo nuestra actitud a la hora de escribir, incluso nuestra propia escritura. Que la página nos alumbre resulta extraño cuando durante siglos hemos sido nosotros los encargados de alumbrar la página. Muchas veces, al abrir el programa de escritura he pensado: \"cuánta luz, ¿qué hace ahí toda esa luz?\". Ya no hace falta escribir con una lámpara al lado, sería una redundancia, una luz iluminando otra luz. Ahora el folio en blanco puede iluminar de noche una habitación entera. Resulta casi intimidatorio escribir sobre la luz. De pequeño, siempre me decían que no mirase el sol de frente. Ahora debo fijar la vista en esta luz portátil que acoge los negros signos de mi alfabeto. Y creo que mi inconsciente se resiste. Gracias otra vez por ayudarnos a pensar un poco.
08/12/2008 | 01:11

Por Interrogante
Ante la ausencia de romanticismo en los textos digitales frente a los textos tradicionales tenemos la ventaja de la rapidez, la inmediatez en poder lanzar el mensaje y que el destanario lo recoga en breve espacio de tiempo, como pudieran ser los blogs personales, donde un informador no necesita más que un teclado y una conexión para poder lanzar cualquier pensamiento en forma de texto a miles de kilometros a innumerables personas/ destinatarios. Creo que el formato digital es un medio más austero, más frio, que el \"tradicional\" pero que quiza en el amplio terreno de la escritura cotidiana y ligera es completamente más práctico, más veloz y moldeable. Creo que estamos un poco, como con los otros soportes digitales frente a los analógicos... un disco mismo, la calidez de de una cinta en un grabador de bobina abierta, frente al frio e impersonal soporte de almacenaje en gigabytes o quiza ya en terabytes... hoy en día podemos acceder a cifras incalculables de música de la cual solo vemos un .mp3, sin embargo lo que de verdad nos gusta lo tenemos en su caja, con caratula y textos en un formato tradicinal con un gran trabajo detrás de varios artistas, donde disfrutamos y nos informamos con calma acerca de lo que escuchamos. Personalmente creo que ambos mundos se complementan y que cada de uno de ellos es para lo que es. Saludos y gracías Santi por dejarnos una puerta abierta.
06/12/2008 | 19:55

Por pilar
Lo siento, Santi, si lo que pretendías era tratar más profundamente los pensamientos de tu cuaderno. A mí me apeteció sencillamente escribir lo que me sugerían éstos. Simplemente leer y decirte lo que se me pasa por la cabeza libremente pensando en lo que dices. Con todo esto estoy de acuerdo. Fíjate que ahora se me ocurre hablar de la palabra y de la felicidad que puede dar a una persona el saber utilizarla, ya sea en versión oral o escrita. De la necesidad de saber expresar pensamientos y sentimientos en el momento y a la/s persona/s oportuna/s. Es terrible tener sentimientos que no sabes transmitir. Sobre todo a personas que quieres, porque sufres tú y puedes hacerles daño de forma inútil sin saberlo. Leer es fundamental para adquirir vocabulario y saber expresarse. Pero antes es imprescindible haber conversado. La evolución oral de la palabra a través de la experiencia nunca puede ir por detrás de su evolución escrita (experimentada) entre las capacidades de las personas. De otro modo te esforzarías mucho y obtendrías escasos resultados. Por otra parte, la palabra puede ser una buena herramienta para conseguir logros de todo tipo. Saludos a los comentaristas, a Santiago y a Miguel Angel.
04/12/2008 | 17:22

Por Rafa
-Creo que el ordenador ha posibilitado el nacimiento de una nueva forma de comunicación. Partiendo de un principio eterno, ...La esencia de una pregunta es su capacidad de provocar una respuesta... Nos hemos lanzado a un nuevo mar de relaciones, ...Nos hablamos sin mirarnos a los ojos, solamente atraídos por las palabras... Los blog\'s Mi palabra es mi rostro, mi olor, mi yo. Mostrada en un cálamo de luz, que puede ser tan tuyo como mio. Si me quieres contestar, puedes hacerlo. Yo he querido contestarte y lo he hecho Qué suerte ! En Internet Todos vamos y venimos sin movernos. Pues para caminar no te hace falta los pies, solamente tu habla. ...No podemos olvidar que la escritura, es solo una, de las caras del lenguaje... Y allí dónde haya posibilidad de contraste cromático, pues allí que iremos nosotros a pintar un \"te quiero\", con una tiza o con un teclado. Y quizás en un futuro con nuevas herramientas, que solo dios conoce. Sólo puedo decir que disfruto mucho, cuando encuentro tantas palabras que me dan ilusión y ganas de pensar, como he encontrado aquí Muchas gracias y un abrazo fuerte,
02/12/2008 | 00:00

Por Hèctor
No sé si alguien que reflexione sobre comunicación y tecnología hoy se parece más a Nietzsche o a Descartes. Creo que los dos, ante un pc, se lo pasarían en grande. El primero ironizando sobre el papel de los usuarios de internet que soñaran con una inversión de los papeles entre el \'noble\' y el \'esclavo\'. Hoy parece que muchos accedemos a más información y a mejor interacción gracias a la red y, sin embargo, es por lo menos dudoso que nos comuniquemos mejor. A Descartes, con calefacción y adsl -pero sin princesitas a las que instruir- me lo imagino bajándose archivos de neurociencia para renegar de sus tesis sobre la relación entre la mente y el cuerpo. Creo que tendría una versión portuguesa a su disposición de \'O error de Descartes\' -Antonio Damasio- donde vería muy \'claro y distinto\' que la conexión entre neuronas es \'res extensa\'. Perdón por mi desahogo musical y personal anterior, poco tenía que ver con este debate. Un abrazo.
02/12/2008 | 19:49

Por Pilar
Leyendo los cuadernos de filosofía me doy cuenta de que hace mucho tiempo que no leo un libro, a no ser que lo consulte (que no es lo mismo). Pero yo no creo que esto sea un ejemplo del fin de la lectura impresa. Quizás hago lo más fácil, como se hace en internet: mirar, ojear, todo rapidez, y te paras sólo en lo que más llama la atención a tu corazón en ese momento. Yo, para leer, necesito hábito, vivir ese momento íntimo con el libro que tanto te interesa en un momento dado. Para mí no es el fin de la lectura (ésta invita más a la imaginación que la tecnología). Para leer tienes que esforzarte por hacer un hueco en la mente donde nada ni nadie pueda frustrar ese vínculo entre lo que lees y tú mismo... tranquilidad, estabilidad... dependiendo de la dificultad de la lectura en concreto. Para mí los avances tecnológicos no implican el fin de los libros. Aunque sí suponen una vida más fácil. Todo depende, además de lo citado, de la desidia y las inquietudes de cada uno. De lo que uno mismo quiera quedarse amodorrado y acomodarse en la infelicidad de que te lo den todo hecho y no te plantees participar activamente y opinar (aunque sólo sea con la imaginación y el pensamiento; tener opinión). Lo siento, yo no soy licenciada en filosofía como tú.
02/12/2008 | 10:24

Por Hèctor Hernández Alcoceba
Buenas noches, Santiago. Leo tus artículos con el mismo respeto con el que me acerco a tus sugerencias musicales. Soy un licenciado en filosofía catalán -de impura cepa. Me dirijo a tu cuaderno para compartir contigo una historia que vive a pie de página de las cuitas de Radio Futura, de Juan Perro y seguramente de las de Santiago Auserón. Cuando cumplí 12 años cayó en mis manos una cinta de 90 minutos en que \'The Joshua Tree\' compartía cartel con \'La canción de Juan Perro\'. Mi intención incial era robarle a mi hermano mayor el monopolio de \'With or without you\' y berrear en mi cuarto a mis anchas. El caso es que la extraña cara B incluía \'A cara o cruz\' y \'37 grados\'. Me pareció alucinante que el rock sonara digno en el idioma de mi abuela. En unos meses ya me metí de lleno en el ambiente sórdido de \'De un país en llamas\'. Descubrí entre los años 88 y 90, ante la ausencia de nuevas canciones de Radio Futura, que Bob Marley existía y que Otis Redding podía ser duro de pelar, pero nada duro de escuchar. Sin conocer tu amistad con Rodolfo Poveda, busqué en un trópico utópico sones de Beny Moré mientras se colaban los fraseos dulces del soukous o la sensualidad de Ruibal. Cuando se anunció \'Semilla del son\' acababa de ganar un casposo premio literario de instituto bajo el pseudónimo de \'Perro del son montuno\' -aún quedaban 2 años para vislumbrar \'Raíces al viento\' y no habría sido capaz aún de aguantar 8 minutos de El Guayabero, por picantes que fueran sus letras, ni tampoco me constaba el nombre tu nuevo disfraz. Mi primera cita con el Palau de la Música fue rumbera, leyendo estupefacto las críticas feroces dirigidas a las cinco canciones que presentabas con Veneno en el 93. A mí sólo me disgustó que en el 94 no contaras aún con un tresero. Ni \"ibas a descubrir el sonido Santana\" ni el agua fría, aquel repertorio me pareció sincero y prometedor por mucho que a esa fusión se le notaran las costuras conceptuales. Del son me dirigí al punto cubano. De allí al laúd canario -curioso verte cerca de Barbarito Torres mandando un saludo al recientemente fallecido Sinatra. Me costó encajar Mr. Hambre, me pareció a bote pronto un ejercicio de higiene ante la banalización de lo caribeño que se respiraba en España. Sus canciones me resultaron un ejercicio de estilo al que sólo escapaba un reggae que parecía susurrado por Garcilaso de la Vega -¿tendrías su móvil en aquel papalito extraviado? Entre \'Cantares de vela\' y \'Las malas lenguas\' sólo me apetecía Waits, Morphine, Reed...Me divertía con las sinestesias de \'La imagen sonora\' y esperaba una nueva sorpesa más o menos paralela a la de mis búsquedas. No seguí \'La fábrica de tonadas\' porque me parecía imposible que ese repertorio encajara con una banda tan ocasional. Echaba de menos la evolución lenta, artesana, de los arreglos de la banda que te acompañó hasta aquel concierto de Lliçà de Munt donde \'Obstinado en mi error\' fue dedicada a Quimi Portet. Hoy asisito encantado a este cuaderno que aireas. Me interesa aproximarme a la filosofía analítica desde mi torpe admiración hacia la ciencia. En lo musical me complace poder recordar las impresionantes versiones que no os permitieron grabar, especialmente la de los Stones, emocionante, impecable. También me apetece escuchar lo que seleccionas de Crescent, especialmente lo menos cargado de metales. Quiero agradacerte las innumerables pistas que me has ofrecido durante estos veinte años. Han contribuído enormemente a hacerme disfrutar de la música y, por extensión, a hacerme crecer. Te deseo mucha inquietud y muchas canciones tan certeras y sencillas como la citada \'Obstinado en mi error\'. Un abrazo a la altura de tu generosidad. Hèctor.
27/11/2008 | 01:58

Por claudia
Mi comentario sera breve ,intentando buscar la claridad del mensaje ,de una idea . Si pienso que el medio cual transporte ,de cualquier mercancía ya sea intelectual como física o incluso diría efímera ,si puede llegar a su destino también efímero cual quiera que sea o físico, da igual el lugar ,de una manera quizas distorsionada de su forma natural o de lo que el mensajero ,inicialmente quería transmitir , no se recibe del mismo modo la información o el escrito de persona a persona ,que en un diario ,libro ,pantalla de ordenador etc... seria ilogico que lo que se transmite personalmente o en algún escrito ,se asimilase de igual forma leyéndolo en algún medio literal o pantalla de ordenador ,que las sensaciones que se transmiten en el mismo instante en el cual se esta produciendo ,o del modo en el que se esta trasmitiendo ,lo que conduce inexorablemente ,al trazado que este mensaje deje después ,plasmado en nuestra memoria , ¿sera la manera de hacerlo ,participe invitado ,del poso que nos deje esta?.
26/11/2008 | 22:05

Por africano
\"Todo fluye, nada permanece\" . Heráclito hacía esta reflexión puramente realista. El avance tecnológico es algo que debe producirse, está ahí, nos permite entrar en esta página , este cuaderno maravilloso del que aprendo cada día , con el que me deleito escudriñando cada palabra, cada frase y su significado, para luego analizarlo y reflexionar y despertar del letargo. Al mismo tiempo, la nostalgia y el carácter ermitaño, me impide querer, más que creer, que a pesar de los intereses que siempre se generan en torno a todo lo relacionado con Internet, el libro digital pueda reemplazar al manual. El sentido de la vista no es comparable al oído (a la cuestión de las descargas hago referencia). La lectura supone una serie de requisitos más extensos que el escuchar una canción, no por ello menos gratificante ni menos importantes, pero obviamente diferente . Lo que realmente es preocupante (además del hambre en el mundo, que por mucha tecnología que exista, no se ha inventado el \"programa\" ni el \"soporte\" para que ésta sea erradicada ) es que el índice de lectores es cada vez menor...pero esto forma parte ya de otra reflexión, relacionada con el tema en cuestión, que podría ser abordada. Gracias Santiago por este rinconcito y si escribes un libro recogiendo todos estos apuntes que nos regalas(ojalá sean miles y mientras te escuchamos te vamos leyendo, como ahora es el caso) , acúerdate de los utópicos que aún carecemos de la evidencia de que el avance es evidente, y si puede ser de portada dura mucho mejor, con olor a papel antiguo...porque sigo siendo \"un agujero en la red\"(permíteme la licencia de adueñarme en este caso de esta expresión). Saludos.
26/11/2008 | 13:55

Por Tati
Si nos dijeran que ya es posible el libro digital de páginas físicas con el tacto del verdadero papel pero de corazón electrónico, en el que pudiera guardarse completa la Biblioteca de Alejandría ¿lo aceptaríamos con facilidad? No, la respuesta aparentemente sensata sería decir que sigue sin ser un verdadero libro. Pero tampoco lo fueron los que se fabricaron desde la invención de la imprenta. El debate real no está ahí. El cine no desapareció con la llegada de la televisión porque eran dos medios distintos, no simples soportes, aunque empiezan a dejar de serlo, pero la utilidad del carbón sí se vio drásticamente reducida con la aparición del petróleo. En ambos casos el cambio se debió al negocio generado alrededor de la mercancía. La tecnología va a la cabeza pero no seguida directamente de los usuarios, dependientes de la industria para el disfrute de un servicio que no pueden satisfacer sin contratarlo a terceros, sino en tercer lugar. En el segundo estadio está la propia empresa prestadora de servicios que, queriendo mantenerse como fabricante del producto final, debe atravesar traumáticas adaptaciones al medio que la hacen pasar de manufactura a empresa de programación en un tiempo que consideran injustamente breve, pero sólo por la razón de que no han querido ver las orejas al lobo en un intento por mantener un beneficio desorbitado hasta el último momento, porque además sabe que puede conservar la fidelidad de los compradores porque afortunadamente los usuarios mínimamente avanzados son todavía una minoría. Los usuarios aumentan exponencialmente y se da la curiosa coincidencia de que la inmensa mayoría de los que se mueven con comodidad en Internet pertenecen al segmento de edad que más música consume y que menos dinero maneja. Y el sector de la población de menor poder adquisitivo por edad tumba una industria boyante. Este patrón de edad no puede aplicarse a la literatura en general, por eso nos encontramos debatiendo sobre el soporte. Pero si preguntamos a las editoriales de libros técnicos nos dirán que se identifican con las discográficas aunque, como son menos y reparten muchos menos beneficios, les resulta más urgente adaptarse al nuevo modelo de negocio, y ya lo han hecho porque los lectores de libros técnicos no ponían reparo alguno a la lectura en soporte digital si eso significaba hacerlo gratis. Cierto es que la lectura digital traerá cambios que se pueden predecir y que resultarán imposibles de evitar. El próximo modelo de dispositivo de lectura de uso común no vendrá elegido por ser el más beneficioso para la construcción del pensamiento sino que será el que ayude a generar un mayor beneficio. Los límites son amplios, es posible incluso que algunas profesiones como la de corrector, la de calígrafo, la de catalogador vivan una segunda edad de oro; es posible que otras desaparezcan y que irrumpan algunas nuevas. Eso es un indicio de que la práctica lectora puede cambiar pero ¿es tan grave? Con frecuencia los lectores habituales somos capaces de reproducir nuestro pensamiento por escrito y pensamos que ello está al alcance de todo el mundo pero no es así. La mayoría de las personas, y no digo la mayoría de los internautas sino del total de los ciudadanos, no es capaz de hilar ideas por escrito, no lo hacen nunca, y lo que escriben suele reducirse al ámbito laboral y a las listas de recados. ¿En nombre de quien hablamos cuando decimos que es mucho peor leer en una pantalla? (por cierto, los lectores de libros digitales utilizan tinta electrónica, que no produce contraste lumínico, aunque todavía está por ver si será ese el modelo común o si lo será el teléfono-microordenador que todos llevaremos encima las 24 horas dentro de muy poco tiempo) En Japón se han recuperado generaciones enteras de lectores a través de los teléfonos móviles. Es verdad que por el momento es un subproducto literario pero tengamos un poco de paciencia. Hasta la aparición de Internet el mejor software estaba en manos de la empresa, pero con la irrupción de la red global también aparecen la comunicación y la colaboración globales, así como la posibilidad de envío casi gratuito de mercancía intangible. Quien inventó la frase \"información es poder\", no podía imaginar su alcance. Las personas crean soluciones y herramientas trabajando en grupo. No está mal visto el préstamos de libros porque el soporte en papel no es duplicable a coste cero, porque el número de \"amigos físicos\" es reducido y porque el protocolo en las nuevas relaciones de \"amistad\" por afinidad de intereses es normalmente prolongado. Cuando aumentan las cifras y puedes localizar personas con tus mismos intereses y ganas de hacer cosas sin necesidad de irte de copas con ellas ni que un amigo común te las presente, la situación cambia poderosamente; esto me recuerda a los gays que van a buscar sexo a la Casa de Campo. Desconozco la atmósfera real pero el hecho en sí me parece un avance cultural. La piratería de libros de papel es prácticamente inexistente hoy en día en España pero todo un fenómeno en algunos países latinoamericanos, onde los libros son proporcionalmente mucho más caros que aquí. Las editoriales no ponen el grito en el cielo porque no se da en todas partes, no está tan mal visto fotocopiar un libro como copiar un CD y además lo que se consigue no es un nuevo libro sino un fajo de papeles que tampoco nos permiten leer como leemos un \"verdadero libro\". Tendemos a pensar que el libro en papel es el soporte que mejor se adapta a nuestras condiciones visuales y mentales innatas pero estoy convencida de que no es cierto. Los cambios son traumáticos cuando llevamos muchos años dedicando tanto tiempo a una actividad y somos reacios a alterar las condiciones bajo las que la desarrollamos, pero no tenemos opción, es sólo una cuestión de tiempo que podamos elegir, como lo será de dinero un poco más adelante. No creo que un simple soporte pueda hacer la comunicación \"imprecisa y superficial\", será labor nuestra sacar el máximo partido de sus ventajas y pronunciarnos sobre sus carencias para mejorarlo porque, y ese es también uno de los motivos del debate, nos inquieta que aún sea muy imperfecto pero hoy sabemos que entre todos podemos perfeccionarlo. Enhorabuena por el cuaderno. Cada vez hay más sitios en Internet que te animan a pensar, como en los viejos tiempos.
24/11/2008 | 23:59

Por Santiago
Queridos amigos: Vuestros ratos ante el ordenador para contestar a mis notas son oro puro. Lamento resultar algo oscuro, le doy prioridad al hecho de captar las ideas y fijarlas como pueda, en los escasos ratos libres, para poder pensar en las cosas que me preocupan, cuyo sentido se me escapa. Me comprometo a intentar ser más claro en lo sucesivo. No hay que dejarse deslumbrar mucho por la pantalla, tampoco por la oscuridad o el hermetismo aparente de un texto. Los textos son una técnica, en cualquier soporte, y todos emplean algún truco para tenerse en pie. No se trata de cuánto alcance a durar un mensaje o un propósito humano, de aspirar a la inmortalidad, sino de cómo nos condicionan los medios y los caminos por los que andamos, si generan sabores o sinsabores. Claro que tienen valor una llamada, una carta o un e-mail. A veces, incluso, la presencia directa del otro lo estropea todo. Creo que las ideas no son del todo independientes del soporte que las sostiene, sino que la naturaleza de ese soporte se expresa a través de nosotros. En este caso, hacemos de soporte para que hablen la pantalla o el libro que, si no, permanecen callados. Se trata de no ir del todo a ciegas, de contemplar un poco el paisaje por el que caminamos, de conservar algún reflejo del camino. Somos sombras, es cierto, pero erguidas y danzantes durante un tiempo, signos alzados ante la luz, cuerpos tipográficos, desde nuestra sombra miramos la luz que cae sobre las cosas cercanas durante un momento. Con eso basta, con poder percibir y acaso devolver, con un poco de suerte, los reflejos del mundo. Gracias a todos.
24/11/2008 | 14:36

Por teresa
No sé si he captado bien el mensaje de Auserón. Envuelto en las sábanas de la palabra ,al lector de a pie le cuesta un poco encontrar el verdadero mensaje que se encuentra en ella. Signo inequívoco de que la escritura sigue guardando celosamente el secreto de su belleza para así deslumbrar a propios y estraños cuando la mente privilegiada del ser humano hace de ella todo lo hermosa y esbelta que se pueda llegar a ser. ¿Pierde terreno el mensaje ante los unos y ceros del ordenador?. Si el señor del primer comentario y yo misma hemos quedado tan impresionados , seguro que no. El trazo torpe o firme que guía el dibujo de la comunicación sobre un papel en blanco tiene la libertad más absoluta para mostrarse a su antojo, sin formas predeterminadas, sin más velos que los que el dominio de la escritura sea capaz de concebir. Por eso, no es menos cierto que la palabra se muestra tan desnuda como queramos y que ella, es una sola sobre el desprotegido lienzo que que habita en forma de destelleante pantalla. Sometido a un modelo concreto, el formato del ordenador nos impone una tipología de letras, tamaños e intensidades, de las que también se nutren nuestros amados libros., que pasan por el tamiz de la imprenta para asomar a nuestros ojos sin la frescura y el calor de la mano del hombre, que deja en el papel sus pensamientos, la fuerza irrecuperable del momento, el pulso vivo del que escribe. Por el contra, el libro va con nosotros a todas partes, y aunque nos falta esa relación íntima del manuscrito, nos queda el mensaje, el sentimiento de cada frase adornado con una belleza que también se puede transmitir desde la luminosa pantalla de un ordenador. La escritura se impersonaliza, es cierto, pero también se expande como el aceite, abriendo caudales de tinta electrónica pero manteniendo intacto el mensaje. El puño y la letra siempre tendrán un grado más de éxito ante los ojos del que lee. El teclado y la letra siempre tendrán el pasaje asegurado al número infinito de receptores a los que puede llegar. Si el mensaje es equívoco , aburrido , o falto del más mínimo talento, se perderá igual si está sobre un lienzo que si se muestra , cual escaparate de ventas , sobre la pantalla de la nueva generación de lectores.
23/11/2008 | 18:14

Por Herman
Deslumbrado quedo en mitad de la noche. Un texto a todas luces fulgurante. Aturdido aún, sólo alcanzo a decir gracias.
16/11/2008 | 04:39

Por Yayo
Ya no vive un nombre tanto como el de Alejandro. ¿Entonces es lo efímero? ¿Hablamos de la desgracia de ser mortal? ¿De que nuestra obra dure menos que nosotros mismos? Un poco de luz y de humedad mata al papel lo mismo que al disco duro, igual que a mí. Quizá bien protegido un papel dure diez siglos más (depende de calidades), quizá un vinilo dure cien, quizá con cuidado un DVD llegue a... Somos sombras, espíritus que duran un suspiro, incluso el mármol que creían eterno los romanos es hoy día un jirón de pared por acullá. La eternidad histórica, la huella en el escrito, nunca ha sido tan difícil de conseguir cuando nadie se acuerda de quién cura el cáncer y sí de los últimos minutos de la final de la copa del mundo de hace veinte años. Trabajo sustituyendo lo que otros dejaron hecho hace una decena de años o menos, como toda obra, se parchea o se remeda de forma más eficiente. O se destruye plantando otra encima. Las carreteras no duran una vida, ya hay dos capas de aglomerado sobre la que yo caminaba en mi pueblo y quizá hayan muerto quienes la hicieron y para los que era sólo otro trabajo… Pero sigo sin ver eso… Uno se hace “inmortal” por sus hijos, por sus obras, por haber enseñado a alguien, proteger a aquel y mantenerle vivo un tiempo para que tenga otra oportunidad de medrar. Es el mundo el que nos hizo mortales, la obra escrita en soporte electromagnético, la representación en pantalla, la proyección de las ideas, cualquiera que sea el medio, no se ve afectada por éste. Y la prueba es que en cada medio han surgido nuevas expresiones artísticas. No es el medio, es el mundo. Ni tan siquiera Flemming cuya vida nunca sabremos agradecer, despunta en esta marisma de incomprensible desidia.
14/11/2008 | 16:22