22 Marzo 2013

Pensamientos insomnes: El futuro de la democracia y otras viejas tareas pendientes en España.

Archivado en: Cuaderno de filosofía

Cuando los historiadores consideren con perspectiva la política española de las últimas décadas, se verá probablemente clara la tendencia de una parte significativa de la derecha a recuperar sus ínfulas de dominio –que el fin de la dictadura le había obligado a disimular– por medios legítimos o ilegítimos: la adecuación de las leyes a sus fines particulares, el manejo de las audiencias, la apropiación de una riqueza sin control, la pugna por la privatización selectiva de la salud, de la justicia, de la escuela y de los bienes naturales. Sus sectores más codiciosos, falsos e inmorales están poniendo al borde de irse a pique –una vez más– un lento, costoso y frágil proyecto de democracia.

Este último giro histórico no hubiera sido posible sin el consentimiento de un socialismo debilitado por el ejercicio del poder y de las finanzas, contaminado de autoritarismo y arte del disimulo, que ha especulado en nombre del bienestar. Amparados por una ley electoral que protege su alternancia, los dos grandes bloques se han repartido la cesión de la soberanía popular con los partidos nacionalistas –que a su vez han manejado interesadamente la espita del independentismo– y han creado con empresarios y financieros tramas clientelares que desembocan en corrupción generalizada.

Creyendo poder ahuyentar fantasmas del pasado en brazos del capital internacional, el estado salido de la transición se ha sustentado en terreno inestable. La exigencia de renovación empieza a ser clamor popular y esta vez un pacto entre partidos no será suficiente. La sociedad –es decir, cada uno de nosotros– tiene que ejercer el poder soberano más allá de su definición meramente nominal, aunque todavía no sepamos cómo hacerlo. Legisladores y jueces están en la obligación de facilitar los medios para avanzar hacia una democracia participativa, controlada por la ciudadanía y por aquellos de sus representantes que trabajen estrictamente por el bien común.

Empecemos por compartir en nuestros círculos próximos una reflexión decidida y –de ser posible– serena, capaz de apreciar matices. Cuando un estado de conciencia se generaliza, como ocurrió al final de la dictadura, las cosas se aprestan a cambiar. Hay que poner en marcha un movimiento de confluencia de ideas entre los sectores de la sociedad que no estén condicionados por el ansia de poder y de lucro: las clases trabajadoras, las asociaciones ciudadanas, las profesiones liberales, los intelectuales, los estudiantes, los parados jóvenes y viejos en busca de un quehacer digno, los votantes honestos y responsables tanto de izquierdas como de derechas.

Los conceptos de izquierda y de derecha resultan confusos, gracias a la movilidad de las ideologías liberales. Pero es bueno recordar lo que designaron y designan, más allá de los tópicos para orientarse en un espacio señalizado por la mano que gobierna. Nuestro lenguaje está plagado de prejuicios milenarios. Lo "derecho" se confunde con lo recto y lo "siniestro" con lo oscuro. De manera algo más clara, Aristóteles distinguía entre quienes ponen por encima de todo el amor a sus semejantes y quienes anteponen el amor a las posesiones materiales. Dos milenios después, Gilles Deleuze decía que lo propio de la derecha es considerar su interés particular inmediato, mientras que la izquierda contempla el horizonte de la generalidad de lo humano.

Por emplear una vez más los viejos términos, media sociedad española tiende a votar a la derecha y la otra media a la izquierda. Unos consideran que la riqueza y el poder pertenecen por derecho natural o hereditario a una casta privilegiada, otros reclaman el fin de esos privilegios. Algunos creen todavía que han nacido para mandar y otros para obedecer por decreto divino. No somos una excepción entre las naciones, pero en España esa polarización se agrava con facilidad por carencia de tradición democrática y porque sus diversos pueblos no han superado el nivel de la autocomplacencia, de la desconfianza ante lo cercano, aunque han asumido la costumbre de rendir pleitesía a un poder alejado.

No podemos vivir de espaldas a estos hechos y parece vano ceder la iniciativa al bipartidismo para resolverlos. Hace falta regular los límites a partir de los cuales la desigualdad, más que natural o hereditaria, es artificial e ilegítimamente inducida. En nuestros días esos límites son muy explícitos. Empresarios, financieros y partidos corruptos tendrán que aprender a respetar a un pueblo que manifieste la voluntad de hacer efectiva su soberanía, en vez de aceptar como norma el afán de poder, la codicia y la irresponsabilidad social. Esa es la tarea de las nuevas generaciones, cualquiera que sea la filiación política de sus familias.

Será preciso un ejercicio de inteligencia al que no es fácil acostumbrarse oyendo repetir a diario consignas por triplicado que camuflan la verdad. Poner en práctica, incluso, el arte de la paradoja: medidas que aúnen el civismo con la radicalidad de una revolución social pendiente en más de un aspecto. Habrá que cuestionar la forma del Estado hasta donde haga falta sin recaer en la barbarie. La monarquía no ha conseguido legitimar su papel mediador de manera indiscutible; por inercia natural se ha inclinado del lado de los privilegios. Quizá alcance a preservarse como institución histórica, si contribuye a profundizar el sentido de la democracía futura, es decir –por seguir con las paradojas–, a fortalecer un concepto de soberanía que en esencia no puede ser sino republicano.

No debe extrañarnos que en algunas de nuestras comunidades se acrecienten los deseos –latentes e irresueltos desde hace mucho– de dar la espalda al proyecto unitario. No podemos limitarnos a hacernos los ofendidos ni ahondar en el desapego. Todo indica que nos necesitamos unos a otros para ganar un porvenir todavía indeciso, tanto en lo económico como en lo cultural. Si algunos territorios llegaran a independizarse, surgiría a renglón seguido la necesidad de retomar hilos que nos ligan a una trama compleja, aunque no sean suficientes como para soportar el peso de la uniformidad impuesta.

Cuando Roma invadió la vieja Iberia, codiciosa de míticos minerales, sus letrados justificaron la necesidad del imperio civilizador por la naturaleza bárbara y poco honesta de la mayor parte de las tribus peninsulares, por su incapacidad para confederarse. Hoy estamos prácticamente en lo mismo, frente al imperio actual de los bancos norteamericanos y alemanes.

Tal vez sea concebible otra suerte de unidad, tramada desde abajo con hilo más fino y resistente, entre pueblos que aspiren a ser un día tan cultivados como productivos, unidos por el respeto a una verdad histórica no siempre fácil, por el amor a las diferencias cercanas –que no son drásticas, sino graduales–, por la promesa de un tejido rico en espacios naturales, en tradiciones culturales, en potencial imaginario –artístico, humanístico, científico–, que no acaba de fortalecerse porque quienes se apoderan de la madeja tiran de ella hacia fuera del bastidor. Sólo reconocen su país como marca competitiva, con eventual ayuda del dopaje. Antes de ser posible, ese horizonte debe resultar deseable; y ahora escasean los argumentos para ello.

El nuevo roto en el tejido ibero tiene sus reponsables: son los que no dejan de agitar símbolos mientras burlan y trastocan leyes, los que intentan manipular las audiencias que dicen representar, los que evaden oscuros capitales lejos del alcance de los ciudadanos que pagan sus impuestos. Deben quedar al margen de las decisiones, pagar sus delitos y guardar prudente silencio. No le faltaban motivos al juez Garzón –con mejores o peores argumentos– para intentar que la corrupción fuera tratada por los tribunales en los mismos términos que el terrorismo. El delito económico destruye la sociedad. Ha adquirido en España carácter de alta traición.

Una constante histórica que conviene tener presente es la reiterada connivencia de los reflujos autoritarios en España con algún poder foráneo bajo el que sus intereses se cobijan. Carlos V inauguró los afanes imperiales en tratos con los bancos centroeuropeos. Las leyes de Castilla se impusieron a los fueros de la Corona de Aragón por decisión absoluta de Felipe V, aconsejado por su abuelo el Rey Sol de Francia, mientras agradecía en sentido contrario la fidelidad de vascos y navarros a los Borbones. Franco ganó una guerra con intención declarada de exterminio sirviéndose del apoyo decisivo de la moderna industria militar del eje fascista, ante la pasividad del resto de Europa, y prolongó su dictadura con ayuda del Plan Marshall.

Así hasta el giro espectacular del PSOE para adherirnos a la OTAN, hasta la reunión angloespañola de las Azores ante la guerra de Iraq, hasta la dependencia creciente respecto de la banca aliada y de las grandes corporaciones que se beneficiaron de la reconstrucción de Europa. Se diría que el pueblo español no merece todavía más que el desprecio y la desconfianza de las clases dirigentes, ya sean españolas o extranjeras. Está llegando la hora de resolver esa tara endémica, y eso sólo puede hacerse fortaleciendo el sentido crítico de las nuevas generaciones.

Contamos con la aportación de una escuela de buenos historiadores a los que tendríamos que prestar más atención que al telediario. Ni el nacionalismo salido de un imperio derrumbado ni el que reclama fueros de antiguo reino son ideales que permitan pensar el porvenir. Representan privilegios obtenidos por terratenientes y mercaderes apegados a una tradición oscurantista, inventora de falsos linajes sublimados por las leyendas románticas, que excitaban el nacionalismo del pueblo cuando les convenía –como ocurre en nuestros días– o aprovechaban sus reacciones frente a la torpeza autoritaria de la politica central.

Las clases populares, en todas las comunidades del estado, tenemos pendiente la tarea de imaginar un fuero democrático compartible, que permita pactar entre pueblos cercanos el grado de implicación en proyectos comunes, sin dejar que las oligarquías –viejas o nuevas, de casta o de grupo de presión– manipulen nuestras emociones.

Comentarios de los lectores

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Por Santiago Auserón – Nota para Alice
Querid@ Alice: Puede que tengas razón, que aceptar el Premio Nacional no sea muy coherente con una crítica radical de nuestra sociedad, con mi humor un tanto al margen de ella. Otros lo han rechazado. Si me pregunto por qué lo he recogido yo, dudo entre mi pequeña y vulgar vanidad, la significación del premio para mi empresa de cuatro sueldos… En realidad creo que lo he recogido simplemente porque me lo han dado y por no parecer maleducado. Sí, creo que la crítica radical debe ser compatible con una cierta cortesía que antes era sólo patrimonio de cortesanos. Como el conocimiento y el ejercicio de la crítica. Tu crítica, probablemente razonable, que respeto, no es sin embargo muy explícita en el plano de las ideas. Es decir: pretendes desautorizar el contenido de mi artículo con un juego de palabras no exento de ingenio: las palabras "encantan" y los hechos "cantan". Ingenioso, pero capcioso y esencialmente falso. Las palabras son lo único que tenemos para acercamos a la verdad con esfuerzo, para intentar compartirla, haciendo frente a lo escurridizo de los hechos, muchas veces, en efecto, incoherentes y desafinados. Hay palabras intencionadamente engañosas y otras que intentan acercarse a la verdad. Sean cuales sean los hechos –las coherencias o incoherencias de tu propia vida, que en el fondo no importan, porque mucho me temo que se deben parecer a las de cualquier otro– me pregunto cuáles son tus argumentos acerca de lo que trata el artículo, que en tu nota no dejas ver. Un cordial saludo.
15/11/2013 | 18:58

Por La negra flor
Es tiempo de humanistas y no de tecnócratas y agoreros (que de eso está este país "sembrao"). Esto sí que es un "oscuro affaire"...
07/11/2013 | 14:38

Por Nurita
Desencanto,eso es lo que pasa en esta sociedad,y otra forma de fascismo, que es el ser politicamente incorrecto y el pasotismo;que aquí todos hemos estado muy bien mientras no nos ha faltado el trabajo,las vacaciones...,podíamos pagar las hipotecas.¿O es que la corrupción es de ahora?.Todos somos culpables,por no protestar cuando un corrupto,no va la cárcel o lo que es peor no dimite y vamos de que devuelva el botín... Un chiste; Estos son dos politicos,que estan pensando en dar fondos para un colegio de última generación o para una macrocárcel con gimnasio piscina,jacuzzi,sala de cine.. Se quedan pensando,y uno le dice al otro;Tú verás,pero al colegio no vamos a volver...Agridulce
17/09/2013 | 22:14

Por alice
coherencia: el hombre se expresa en sus actos. lo de anarquista moderado tendrá sentido yendo a recoger un premio oficial de manos de los principitos de la españa. precisamente la gente como usted que tiene voz pública debería ser más coherente entre sus actos y sus palabras. las palabras -y las voces- encantan, los actos, cantan. buenas noches
09/08/2013 | 00:09

Por di amigo y entra
Después de leer lo escrito, bastaría con suscribirlo. Pero no basta, verdad?, Tampoco es suficiente con alabar las palabras elegidas; eso tampoco basta. Mucho se ha escrito de lo que ocurre dentro y fuera de nuestras fronteras (esas líneas invisibles). Basta ya de palabras¡ porque las palabras se tergiversan a conveniencia de los medios de comunicación, aliados de según sea quien gobierne. Y por decir que basta de palabras, no es que sean desacertadas, ni mucho menos. Siempre me queda la sensación de impotencia y frustración, cuando me he desahogado bien por escrito, bien en una conversación, y veo que todo lo expresado se diluye como azucarillo. Parece que es necesario algo más, y no es sólo reivindicar la existencia de las ideologías, que éstas sirven para cambiar las cosas, esas mismas cosas de las que todos nos quejamos y deseamos cambiar, pero no sabemos cómo. Está claro que la democracia representativa ha sido superada por la Historia, y esa democracia no es el menos malo de los sistemas. El menos malo ahora es la democracia participativa, como expresas en tu artículo, y es correcto arrojar la responsabilidad de cambiar las cosas a las organizaciones sociales, las no gubernamentales, las de sin ánimo de lucro, y tenemos ejemplos de larga trayectoria (consumidores, ecologistas,...), y más reciente surgidas del movimiento democracia real ya (no me gusta lo del 15-M), como las mareas de colores (verde, blanca,...), y las plataformas antidesahucios. Pero caen en el error de mirar al propio interés, y nos diluimos en el aire, y nos seccionamos, cuando todos miramos más allá, a un sistema alternativo que ponga en cuestión el actual. Claro que la derecha quiere mantener sus privilegios, y su dogma es el de "siempre habrá ricos y pobres", algo que en alguna ocasión hemos mencionado con resignación, pero a la vez con indignación. La ideología neoliberal ha enaltecido de nuevo al hombre (y a la mujer, pero con la boca pequeña, claro) como individuo, como individualidad, frente a una colectividad agresiva, controladora, reguladora, restrictiva, prohibitiva. Esa imagen de la colectividad se ha trasladado a la institución del estado, y es el estado, el gran enemigo a batir por todos los individuos. Esta es la ideología neoliberal que ha vendido como un producto más del mercado, la idea de que hay que rebelarse contra el estado, que nos explota a través de los impuestos, y que defraudar es legítimo, y que lo mejor que debe hacer el estado es reducir los impuestos, para que cada individuo sea más independiente, más autónomo, más rico...y esa idea ha calado en la sociedad. La nueva ideología debe compatibilizar el individuo dentro de la colectividad, primando esta última. El individuo tiende al amigismo (no al amigo), y la colectividad tiende a la solidaridad. Como siempre, al final, esa sensación de azucarillo.
23/07/2013 | 12:34

Por Berta
Hola Santiago, veo que no has cambiado la entrada de tu especie de " blog" bueno a mi lo que me encanto fue lo que hiciste cuando el "Don Algodón" te copio tu "Veneno en la piel" para una campaña...que era un poco el emblema del pijerio... Por cierto creo que ya ni existe el tal " Don Algodón", no?
17/07/2013 | 10:55

Por joaquim palet
Un 10 por tu Articulo no me sorprende en nada siempre tan conciso y cabal, me hace bien escuchar palabras tan acertadas de la situación actual española, que país quien te a visto y quien te ve, desde argentina un saludo muy muy cordial.
03/07/2013 | 05:06

Por Berta
Berta de nuevo...No se sí tu lees estos comentarios, pero me gustaría que hicieras una reflexión barroca de esas tuyas sobre el cine, el " cine" en general, porque creo que esta igual de mal o peor que la política,no sólo el español, también el extranjero. No se sí te apetece, pero ahí queda mi propuesta.
06/06/2013 | 09:54

Por Berta
Que aunque hiperbarroco,entiendo lo que dices..., lo que hay que hacer es no votar, si no fuera nadie a votar nunca más, yo no he votado nunca a ninguno de los dos grandes partidos y ahora menos, los presidentes y ex- presidentes son lamentables, y Zapatero se permite el lujo de volver a salir a hablar tranquilamente diciendo que el no critica al nuevo " presidente", es de risa,vamos.
05/06/2013 | 10:39

Por Berta
Santiago me encantan tus reflexiones, me han encantado toda la vida, pero sin querer ofenderte a veces te vuelves hiper- barroco escribiendo,hijo que no te sigo....!!!!
05/06/2013 | 09:23

Por botijo electromagnético
Vaya con el amigo Auserón. Me deja ud de piedra, francamente. Gracias por su aportación. Con su permiso y el de sus lectores, sólo comentar que España padece el mal endémico de la incultura. Tal vez por ello esté durando ya demasiado la bi-polaridad política a la que estamos, y nunca mejor dicho, sometidos. Y aparte, como ya alguien ha apuntado, creo humildemente que toda revolución ( por que eso es lo que necesitamos), toda sublevación, necesita un lider. Y me temo que en nuestro caso debería ser uno con mas carisma que el Dalai Lama. Donde encontramos a nuestro Ghandi??
13/05/2013 | 05:25

Por Juan Pablo Resino
Me encanta tu cuaderno, tus canciones y tus reflexiones y no dudo escribir cualquier cosa relacionada con hechos sociales o filosóficos que propongas. Ojalá no te vuelva a ocurrir lo de Valencia, y no se te vuelva a confundir que el cantar e interpretar acerca de estética política o filosófica en un escenario no es lo mismo que hablar de lo político desde los poderes públicos. Todavía vemos que no estamos muy avanzados en considerar solo y exclusivamente arte ese terreno en España, y por eso no se entiende bien tu buen arte desde algunas instancias. Ten mucho ánimo, tu originalidad se lo merece.
02/05/2013 | 01:06

Por Juan Pablo Resino
Soy de los que piensan que la mala suerte de un país como España (corrupción, paro galopante, terrorismo político y económico propio y ajeno) es fruto también de la situación ajena de otros, y que lo único que se ha podido hacer en este sentido hasta ahora es identificarla y tratar que no sea fuente de influencia futura en nuestros intereses, lo que no está nada mal como logro. A partir de lo maltrechos que quedamos, y una vez que nos lamamos las heridas, podremos aplaudirnos los que quedamos vivos de todo ello, y no estaría mal reconocer que lo negativo de las situaciones no dura para siempre. No queremos más injerencias indeseables en nuestro país, como analogía propongo que una repetición actualizada de los acontecimientos del 2 de mayo de 1808, ha sido lo peor que nos haya pasado desde entonces, porque en nuestro caso hoy, el despotismo no ilustrado ajeno y no reconocido como posible ha hecho mella en una población desproporcionadamente embebida por un ansia de libertad sin control interno alguno. Mientras que el despotismo vampírico de antaño se ejecutaba en un país invadido, hoy vemos que el despotismo ajeno no tiene necesidad de invadir, sino que se justifica por las malas condiciones en las que internamente se vive, sean muchas o pocas, y su estrategia es esconder la mano todo lo posible para que no les identifiquen como el verdadero ejecutor de los crímenes que se puedan cometer en otro nombre, y si puede ser sin que se aperciban de ello. Pero todo canta al final, las mentiras tienen las patas muy cortas. Estamos saliendo de ello. Paciencia. Solo queda el recuerdo de lo que se fue, la inevitabilidad del momento, y el estado de bloqueo genérico tras la catástrofe. De nuevo toca huir, olvidar, pasar página, lamentar y pasar el duelo. Y tratar de no verse obligados a instrumentalizar la desgracia ajena para provecho de la propia, el mayor de nuestros pecados en tiempos de paz, y la mejor forma de defensa informal en tiempos de guerra. Cuando llevemos de nuevo al fondo más profundo de nuestra intención la necesidad de no utilizar de nuevo artimañas poco éticas, entonces volveremos a ser nosotros, no un guerrero al servicio de un imperio. Hay que colgar adecuadamente las armas de la desconsideración cuando no se usan. Lo mejor es de nuevo tener voluntad de pensar como John Lennon en su canción Imagine, sin sacarle punta a las interpretaciones alternativas y contextuales de su contenido, y dejar que los malos vientos queden para quien los provoca, con la conciencia de pensar que lo mejor siempre está por llegar. Cuando la corrupción y la confusión desaparezca de la vida política interna de nuestro país, significará que seremos al menos el doble de ricos, y si eso sucediera en un plazo corto, nos contentaría a todos volver a apostar por un gran desarrollo económico, donde lo verdaderamente social se diera por asumido de tal manera que no hubiera razón alguna para encontrar hostilidades de unos frente a otros donde supuestamente no debería haberlas en ese sentido.
01/05/2013 | 23:04

Por encarna
En este pais nos hemos olvidado que nos necesitamos unos a otros el empresario al empleado, el empleado al empresario, el profesor al alumno ,el alumno al profesor el médico al paciente el paciente al médico , el funcionaro al privado el privado al funcionario...................... hasta que no vayamos todos a una ... mal vamos . Lo que más triste me pone es que estamos robando, por torpeza ,la ilusión y las ganas de todo a una juventud , cosa que yo de 40 y tu de 50 hemos tenido ........ eso es lo que más me duele y que tengan que abandonar un pais ,sabiendo 3 idiomas , por culpa de incompetentes con currículums cutres ........... Pero esta gente ¿tiene hijos ? o conciencia
26/03/2013 | 18:58

Por Acracio Anarcomico
Pa los halagos con 5 palabras te despacho don Santiago , tienes toda la puta razón , 5 , lo dicho ,para la crítica necesito más por que en ti es más complejo hacer la en justicia , y es la siguiente , nombras a pocos por su nombre propio y uno es el Ignominioso de Garzón , que para mi , según yo eh ! Vamos ! a mi parecer es el paradigma de la incompetencia por exceso de ego y ansias de poder y dinero , cosas estas de dominio público a no ser que se carezca del ansiado espíritu crítico que necesitamos para poner a este país nuestro donde se merece , ej. Cartas de Garzón a Botín para pedirle dinero para su promoción internacional o como el dice para dar cursos , abandono de la carrera judicial en su momento más álgido para ser ministro con felipin/pon y posterior rabieta por no serlo y por último mala praxis en sus actuaciones ,por estar pensando que el es la justicia , que traerán como consecuencia la escarcelacion de delincuentes o directamente (como ahora con el Barcenas de marras) la posibilidad de que las pruebas queden fuera de juego para la oposición ... Sin más que te conste que pa mi ,junto con Boadella y mi paisano Don Gustavo Bueno ,formas la santísima Trinidad de las mentes preclaras de nuestro país , sin más un saludo ARTISTA !! Pa la próxima solo halagos te lo juro :-)
26/03/2013 | 14:47

Por Acracio Anarcomico
Pa los halagos con 5 palabras te despacho don Santiago , tienes toda la puta razón , 5 , lo dicho ,para la crítica necesito más por que en ti es más complejo hacer la en justicia , y es la siguiente , nombras a pocos por su nombre propio y uno es el Ignominioso de Garzón , que para mi , según yo eh ! Vamos ! a mi parecer es el paradigma de la incompetencia por exceso de ego y ansias de poder y dinero , cosas estas de dominio público a no ser que se carezca del ansiado espíritu crítico que necesitamos para poner a este país nuestro donde se merece , ej. Cartas de Garzón a Botín para pedirle dinero para su promoción internacional o como el dice para dar cursos , abandono de la carrera judicial en su momento más álgido para ser ministro con felipin/pon y posterior rabieta por no serlo y por último mala praxis en sus actuaciones ,por estar pensando que el es la justicia , que traerán como consecuencia la escarcelacion de delincuentes o directamente (como ahora con el Barcenas de marras) la posibilidad de que las pruebas queden fuera de juego para la oposición ... Sin más que te conste que pa mi ,junto con Boadella y mi paisano Don Gustavo Bueno ,formas la santísima Trinidad de las mentes preclaras de nuestro país , sin más un saludo ARTISTA !! Pa la próxima solo halagos te lo juro :-)
26/03/2013 | 14:44

Por Ana M. Cuevas
Mil gracias; el Sr. Sánchez Mesa fue mi profesor en Granada; me alegra encontramos en este lugar compartiendo ideas, y yo como alumna, profesora y ciudadana también me siento responsable de tu escrito Santiago. Una clase magistral y necesaria de impartir en todas las aulas posibles; el telediario, periódicos, radio, internet, en los muros de las ciudades, en sus plazas, cafés y bares. Te adoro.
25/03/2013 | 20:41

Por Luis Enrique Ibáñez
Lúcido, oportuno, con perspectiva necesaria, sereno. Y, quizá, puede ayudar a que más gente sea consciente del estado de las cosas. Porque, muchas, veces algunos tenemos la sensación de que nuestro decir no va más allá de esos círculos concéntricos que hemos formado los que, más o menos, pensamos de la misma manera. Y pareciera como si convirtiéramos nuestro discurso en una autocomplacencia que no sabe ir más allá, que se muestra incapaz de cruzar hasta la otra orilla. Y nos escuchamos ingenuos, nos repetimos, para convencernos, entre nosotros, a los que ya estamos convencidos. El lenguaje nos ha sido usurpado. Es necesario recuperarlo, reinventarlo, para que pueda acompañar a la acción, protegiéndola.
25/03/2013 | 09:09

Por Domingo Sánchez-Mesa
Desde el ámbito académico, falto de capacidad de reacción, de , a partes iguales, suficiente sentido autocrítico y orgullo de la importancia de su papel, y víctima (¿culpable?) del "sálvese quien pueda"... se agradece la claridad y precisión de este análisis. De él es fácil extraer un asidero, una plataforma más desde la que ... "elevar la palabra". Gracias al Dr. Auserón... Juan Perro, de un colega de la Univ. de Granada. Domingo SM
25/03/2013 | 01:24

Por Ana Jareño
Algunas veces eché de menos una reflexión de Santiago Auserón ante el colapso que estamos viviendo. Ahora me alegro de verla escrita. Toda una argumentación acertada, y que muchos, muchísimos compartimos. El poder está en la calle, el cambio de la historia, la escribirá el pueblo, estoy convencida de ello. Olvidemos si somos de izquierdas, o de derechas, nos falta el nexo de unión para que todo cambie. Necesitamos seguir un guión, aunar todas las voces que difieren, y construir lo que este país necesita. Y por supuesto, necesitamos el líder que nos guíe y cuya bandera sea la sensatez, la humildad y el equilibrio.
24/03/2013 | 13:50

Por Estefanía Iglesias
Extraordinaria, lúcida e impecable reflexión. Esperanzadora y sobre todo necesaria en estos tiempos convulsos, en este país de locos, en esta Europa de locos y en este mundo de locos en los que nos toca vivir. Se os debería leer más y escuchar más a los pacificadores. Los cambios no tienen porque ser bruscos y siempre hay más de un camino. Ahora toca pensar y toda ayuda es poca. Gracias Sr. Auserón, usted nos es de gran ayuda.
22/03/2013 | 22:27

Por Carlos Amazigh
El análisis es impecable, para ti mi respeto y admiración de un seguidor de siempre. Lo que falta ahora es poner en marcha mecanismos efectivos de acceso al poder, al poder real, no al espejismo de la apuesta asamblearia o el “gesto “callejero y performativo, que generan acción y conciencia pero que son fácilmente aplastados por la maquinarias represivas del Estado. La tara endémica a la que haces referencia es compartible por la mayoría de los pueblos “reactivos” del mundo, que actúan “negativamente”, digamos, por negación, cuando las cosas van mal, exhiben un NO y ocultan un SÍ, el SÍ del proyecto, el único digno y viable, que tenga por horizonte el Socialismo (siglo XXI) y la República, que sea profundamente anticapitalista. La desconfianza y desinterés de la masa reactiva en España por la política llamada “convencional” o parlamentaria es acogida con entusiasmo, aplaudida a cuatro manos por las dos fuerzas (PP vs PPSOE) en perpetua alternancia, con un electorado fiel y fanatizado (la derecha es de casta, genética e inamovible, la socialdemocracia es positivista y racional, la ciencia exacta de la ingeniería financiera), que sabe que por mucho que aumente el descontento y la presión popular, el poder real, el que maneja presupuestos, envía tropas, oprime a golpe de decreto ley, les pertenece, nosotros, ovejitas negras de manos limpias se los hemos entregado, pasivamente. Los movimientos sociales, foros, frentes cívicos, plataformas sociales, etc, han demostrado su capacidad organizativa y de convocatoria masiva, pero los llamados “indignados” parecen dispuestos a abandonar las filas, uno a uno, a poco que asome el reflejo engañoso de los brotes verdes del huerto neoliberal. Mi delirio utópico es el de que se termine creando una gran coalición de izquierda radical, con los nuevos frentes ciudadanos abiertos a raíz de la crisis en unión estratégica con las fuerzas de la izquierda social y anticapitalista ya asentados en el arco parlamentario, un Proyecto Sur como el que se está forjando en Argentino de la mano de Fernando Solanas, un soberanismo fuerte y popular o más claro aún la Syriza de Tsipras que en apenas 5 años se convirtió en la principal fuerza de la oposición en Grecia. Sí, se puede. Abrazos desde Budapest.
22/03/2013 | 20:08

Por Rafela Nicolau
Gracias por compartir el artículo. Impecable forma de expresarse, la tuya, como siempre. Por cierto, y aludiendo al comentario de José -Ramón Vázquez..., Santa Maria del Camí es realmente un buen cobijo. Saludos de una mallorquina, desde Córdoba.
22/03/2013 | 17:10

Por Antonio Núñez Prado
Análisis y puntos de vistas tan lúcidos y serenos, tan lleno de perspectiva, como el que ud. da en este artículo, se echan en falta. Nuestra sociedad necesita, antes que nada, saber en que punto se encuentra y hacia donde debe encaminarse. ¿Cómo hacerlo? Ese es el gran interrogante, aunque estoy seguro que con la ayuda de artículos de opinión como este llegaremos a conseguirlo. Gracias por hacernos ver las cosas un poco más claras. Gracias por hablar.
22/03/2013 | 16:11

Por ismael
La decadencia ideológica no solo llega a los grandes partidos políticos,sino que llega hasta los últimos espacios sin abonar,es como una plaga.....plantear otra alternativa es lícita desde tu blog,pero los políticos y sus programas definen lo que nuestra sociedad les pide.¿Que ocurre con las promesas cuando llegan al poder?No nos engañemos aquí manda el capital que inventa el sistema político para justificarse.....de nada sirvió la Revolución francesa,ya que el antiguo régimen tiene capacidad de reciclarse y nosotros no.....
22/03/2013 | 13:58

Por José-Ramón Vázquez
Ya decía yo que estabas tardando en dar tu opinión sobre el tremendo follón que tenemos armado en este país. Tu artículo invita a leerlo con algo más de calma, debido a que todas tus reflexiones reflejan mucha más profundidad de la que te da una primera lectura. A priori, lúcido como siempre. Un saludo desde Santa María del Camí.
22/03/2013 | 13:50