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28 de septiembre de 2020

Bailando al son de los ritmos cubanos de Juan Perro

El sonido en seco de la baqueta y esa cuenta atrás: «One, two, three, four...». Empezaba así el viaje que durante más de una hora y media haría bailar a los presentes en el Teatro Cervantes. Era la banda de Juan Perro la que se encargaría de dar la nota y marcar los ritmos de la noche malagueña del sábado, en una de las actuaciones fuertes que este año se celebran por el 150 aniversario del Teatro Cervantes de Málaga.

El sexteto de Juan Perro ofreció en su 'show' ese repertorio en que mezcla sonidos del blues, R&B, rock, jazz, soul... pero con ese toque que profundiza en la riqueza musical que nace al mezclar las raíces hispanas y afroamericanas. Se puede decir que un viaje por la canción española pero con desvíos por distintas señas de identidad. Con Santiago Auserón al mando, una de las voces más reconocidas e influyentes en el panorama nacional desde los ochenta con Radio Futura, esta banda hizo dejarse llevar y trasladarse directamente desde la capital de la Costa del Sol hacia aquellos años de la Movida madrileña. Junto al vocalista, a su izquierda un cómplice en el sonido de la guitarra, Joan Vinyals; las notas del bajo estaban en manos de Isaac Coll; el ritmo de la batería lo marcó Pere Foved; los maravillosos solos de trompeta salían desde el interior de David Pastor y el toque del saxo y clarinete lo puso Gabriel Amargant.

La noche del sábado quedó llena de ritmos cubanos en ese «teatro legendario de Iberia», que fue como quiso llamar Auserón al Cervantes. El cantautor zaragozano fue sembrando las nuevas piezas que estarán en 'Cantos de ultramar', el disco que está a punto de salir, aproximadamente en noviembre, que recoge un resumen de las vivencias vividas por los artistas. «Son esas sonoridades que hemos ido recogiendo en esos viajes, representa en parte a las aspiraciones de esos chiquillos españoles que ven llegar este nuevo mundo», apuntó al inicio del concierto Auserón.

Ese rollo canalla y desenfadado fue creciendo a medida que pasaban los minutos, como al llegar el tema 'En la frontera' que, nacido en Tijuana, empezó a sembrar los aires mexicanos y a ambientar cada rincón del teatro. Ya aquel hombre del sombrero junto a la mujer de pelo corto se iban soltando y se dejaban llevar por los ritmos de las melodías que les estaban brindando estos seis señores vestidos de negro subidos en las tablas del Cervantes.

El vocalista zaragozano se desnudó con el tema 'El forastero', que aseguró que contaba algo de su «infancia no muy alejada de la delincuencia», narrada desde el centro de Nápoles. «Ustedes lo van a cantar sin haberlo escuchado en la radio», aseguraba segundos antes de arrancar con 'A morir amores', que fue el primer tema de adelanto de este nuevo álbum. Y así fue, el público se dejó guiar por la letra y hacía los coros que seguían la voz de Auserón.

Las butacas comenzaban a quedarse pequeñas para el espacio que necesitaban los asistentes para bailar. La garra, los falsetes y esos gritos ya eran los protagonistas en los cuarenta minutos que estaban dejando presenciar una actuación única. Santiago Auserón, con su sombrero y sus incontables collares negros, disfrutaba con sus bailes al más puro estilo de un rockero de toda la vida. El cantante ya había llegado a ese momento del concierto en el que la música es pura conexión con su cuerpo y el escenario.

De la receta médica que encontró ese día sin inspiración, el tema 'Agua de limón', de su último trabajo 'El viaje', hizo que esta banda siguiera sembrando y sembrando una nota en cada una de las personas que acudieron a su cita. También se dejó ver el lado más seductor de Auserón, cuando se dirigía, mirando al público con una declaración de amor digna de tiempos de pandemia. «Aunque estés enmascarada se ve el destello de tus ojos. Parece que con las mascarillas las miradas se encienden más, yo estoy esperando esa señal», narraba al más estilo poético mientras dejaba entrever una sonrísa pícara.

Sonaban las primeras notas de 'Charla del pescado' y el Cervantes se vino arriba. Ahora las cabecillas se movían más compenetradas que nunca y ese hombre del sombrero lanzaba al aire el gesto más rockero con su mano. Se enciende el patio de butacas y Auserón guía a la melodía con el baile de sus brazos. Ahora el teatro había llegado al clímax y no había forma de parar el festín de música que se estaba viviendo.

Cuando parecía que la banda se había ido con el escenario vacío pero el teatro lleno aplausos, saludos y con el público en pie, el sexteto de Juan Perro vuelve al escenario. Aún quedaba la traca final de esta fiesta al más puro estilo cubano y rockero de los 80. Auserón se quita el sombrero y se pone al borde del escenario animando aún más a esos amantes de la música que no querían que ese momento acabase. Tras sonar 'Qué rico el mambo', de tanto sembrar y sembrar música en el Cervantes llegó el tema de Radio Futura 'Semilla negra', un momentazo digno de culminar esa gran noche de sábado.

Crítica de Cristina Pinto para Diariosur.


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