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13 de diciembre de 2019

Santiago Auserón: «Vivimos a una velocidad de vértigo que nos lleva a un callejón sin salida»

LA VERDAD ofrece este viernes, el sábado y el domingo esta obra por solo 5,95 euros. Son doce canciones que Auserón registró en el auditorio Víctor Villegas a principios de febrero de 2017 y que no tienen desperdicio alguno.

-¿Cómo surgió la idea de grabar un disco con la OSRM?

-Estuve tocando en el festival SOS y allí tuve mi primer contacto con la orquesta, en el Víctor Villegas. Hubo muy buena química con los músicos, que respondían con calentura, y también muy buena relación con el gerente y los responsables de la orquesta. Después hicimos una docena de conciertos en diferentes plazas con sus correspondientes orquestas. Y al finalizar, recordábamos a la de Murcia por su entrega en ese primer espectáculo. Más tarde, en un tanteo entre mi oficina y los responsables de la orquesta, estos nos preguntaron si queríamos grabar ese proyecto. Les dijimos que sí y ellos nos comentaron que estaban dispuestos a participar. Así que fijamos un calendario de grabación para el proyecto.

-¿Qué recuerda de la grabación?

-El producto final tenía que ser algo mixto entre los hábitos de la orquesta y el disco de un cantante de rock. El objetivo de la producción era una cosa intermedia entre un producto sinfónico y disco de pop. Hubo varios condicionantes. La orquesta no podía estar ensayando más de un cierto tiempo seguido, y solo disponíamos de tres mañanas. Así que cada día se dividía en dos sesiones de hora y media, con su correspondiente descanso de media hora. Aquello fue un poco apretado para doce temas. También es cierto que les pedí que me grabaran una toma sin voz de cada canción, para volver por la tarde con el director, la arreglista y el ingeniero de grabación, con el fin de grabar la canción de nuevo. Al finalizar, me llevé todas las pistas a un estudio de Barcelona. En algunos casos, seleccioné la toma conjunta, y otros, elegí la separada.

-¿Y cuál fue el resultado?

-El resultado es un disco que tiene una sonoridad plena, porque la orquesta está brillante. Y yo canté con la preocupación de hacerlo de una forma distinta a como estoy acostumbrado. Me preparé para entonar muy firme, recto y pleno. Las costumbres de una banda de jazz y las de una orquesta no son las mismas. Con el tiempo se verá que es un trabajo con cierto sentido histórico.

-¿Qué situación atraviesa la música popular?

-Ha habido un siglo de revolución en los hábitos musicales. Todo empezó con la radio a finales del siglo XIX, continuó con los registros fonomecánicos a partir del siglo XX y culminó con la limpieza de los formatos y la multitud de las memorias. Es decir, ahora hay más música que nunca, pero se oye más a la ligera. Es positivo que se extiendan los formatos sonoros, pero hay que conseguir un mayor nivel de exigencia y que no se degrade tanto el hábito de escucha. Si vulgarizamos las costumbres, y a la vez se automatizan con el poder de la digitalización, los procesos se transforman en torpeza y pérdida cultural. Y así lo que universalizamos es la tontería. Hay que formar criterio desde la escuela y fomentar la escucha apasionada. La música forma parte de las relaciones personales. Y lo importante no es la relación con los aparatos, sino entre personas. La música es el medio para conseguirlo.

-¿El rock ha muerto?

-Es posible que sí, tal y como lo entendimos en una época. Y lo mismo ocurre con el blues, el soul, la música clásica... Pero en ese 'morir' de los géneros hay algo interesante. Cuando pierde el carácter de mercancía, el género musical se transforma en un depósito de memoria. Se queda en un trasfondo que siempre puede emerger y caracterizar todo un movimiento de moda.

-Continúe, por favor...

-A los nuevos chiquillos les gusta recuperar la información de lo que se hacía veinte años atrás. Es algo que va más allá del 'revival'. Las nuevas generaciones niegan la moda más reciente porque quieren distinguirse y mostrar su energía adolescente diferenciándose, y para hacerlo utilizan datos e información de veinte años atrás. Ahora, el trap es la continuidad del hip hop, que a su vez reciclaba el soul, por ejemplo.

-Usted hizo una tesis sobre filosofía y la música en la Grecia Antigua. ¿Cómo ve Santiago Auserón el mundo?

-Creo que ha habido un acelerón industrial y tecnológico en los últimos dos siglos que ha transformado el mundo a una velocidad de vértigo y que nos lleva a un callejón sin salida. Hemos aprendido a través de la ciencia y la tecnológica a conocer y a desatar las fuerzas del universo, pero no hemos medido las consecuencias que eso conlleva. Además, tenemos un concepto del bienestar que está dopado. Soy de los que piensan que podemos vivir más felices con menos cosas.

-Sus musas, ¿siguen teniendo veneno en la piel?

-(Risas). A los 65 años uno ve de otra manera la sensualidad. En buena parte, las musas son reales e imaginarias al mismo tiempo.

-¿Cuándo planea volver a Murcia?

-Pronto. La última que estuve allí fue para grabar un videoclip en el Valle de Ricote. Me gustaría volver pronto. En los primeros tiempos de Juan Perro había una cosa bonita que me gustaría recuperar, y es que empezábamos las giras en Murcia.

Entrevista de Juan Ruiz Palacios publicada en La Verdad de Murcia. 


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