
05 de enero de 2026
La última cita de los Grandes Conciertos de Actual tuvo como protagonista a Santiago Auserón, que llegó a Riojaforum al frente de La Academia Nocturna, un proyecto que no busca la nostalgia ni el subrayado biográfico, sino el repaso y la depuración de su etapa más reciente como Juan Perro. El concierto fue, precisamente por eso, un ejercicio de madurez artística, construido desde la pausa y la escucha, ejecutado con una precisión casi quirúrgica por una banda de seis músicos que funcionó más como un conjunto de cámara de pulso jazzístico que como una banda de rock al uso.

La Academia Nocturna es, ante todo, un espacio de exploración musical. El repertorio se apoyó mayoritariamente en los últimos discos de Juan Perro, con especial atención a su cancionero más reflexivo y mestizo, donde conviven el son cubano, el jazz, el bolero, la bossa y el soul, dejando al margen Nerantzi, su última publicación y particular acercamiento a la música griega.
Auserón volvió a demostrar que cada concierto suyo es también una lección de historia de la música popular, servida sin solemnidad y con una elegancia natural. Canciones como Los inadaptados, inspirada en la película Vidas rebeldes de John Huston, funcionaron como puntos de encuentro entre música, literatura y cine, en un repertorio que acarició el imaginario caribeño sin caer en el folclorismo complaciente.
El recital se fue abriendo a títulos reconocibles de su trayectoria en solitario, como el bolero No más lágrimas, Perla Oscura, de aquel Raíces al Viento publicado hace 30 años, o Magnolia, enriquecido por una delicada introducción de clarinete de Gabriel Amargant. Cada tema se vio matizado por los distintos colores que aportaban unas veces el clarinete y otras el saxofón, mientras la trompeta de David Pastor añadía brillo y tensión, reforzando el carácter nocturno y sofisticado del conjunto. La banda se completaba con Vicenç Solsona a la guitarra, Isaac Coll al bajo y Pere Foved a la batería, formando esta peculiar Academia Nocturna. Auserón, cercano y con sentido del humor, se permitió bromear sobre su vínculo con Logroño, imaginando una gira entera por la ciudad “a un lado y otro del Ebro, cruzando el río en una balsa”.
El tramo final del concierto fue creciendo en intensidad hasta desembocar en un cierre celebrado con tres grandes clásicos de Radio Futura, El Puente Azul, con intro de La Negra Flor, El Canto del Gallo y, culminando, Semilla Negra, que funcionaron más como epílogo natural que como concesión al recuerdo, aunque quedara en el tintero La estatua del jardín botánico. Un final lleno de luz y armonía, que puso de manifiesto la riqueza y la profundidad de su legado.
Lejos de cualquier lógica de radiofórmula, el repertorio estuvo compuesto en su mayor parte por canciones poco conocidas para el gran público, algo que Auserón asume con naturalidad. No hubo estribillos coreados ni gestos de fanatismo, sino escucha, atención y una serenidad compartida entre escenario y patio de butacas. Santiago Auserón sigue siendo una apuesta segura, recordándonos que la vigencia no depende de la popularidad, sino de la coherencia artística.
Crítica publicada en La Brújula.