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08 de julio de 2016

Santiago Auserón y la orquesta sinfónica de Córdoba

Con todas las localidades vendidas y con un ambiente previo, como suele ser habitual en el Festival de la Guitarra de Córdoba, que casi vaticinaba la maravilla sonora que nos esperaba, el personal comenzó a llenar el teatro y ya supimos que lo ecléctico de la música de Auserón une a fans de The Clash o de New Order porque los allí presentes somos amantes de la música y de un trabajo, avalado por décadas, excelente.

Y es que Auserón siempre ha sido un cantante que ha apostado por hacer canciones populares para que las cante el pueblo. Tirando de romances, de rock, de son cubano, de blues, de jazz y de todos los estilos posibles ha ido creando unas letras y unas melodías que ya están en el subconsciente colectivo de cualquiera al que le gusten las canciones imperecederas.

Decía el propio artista recientemente que con este proyecto se siente “como un niño” y que la idea es que el que venga del rock, de los conciertos con luces de colores, efectos y distorsión vea algo distinto que quizás le sirva para comenzar a escuchar “la gran música”.

Y así fue. Desde que puso el pie en el escenario, como podéis comprobar al final de estas líneas, su sonrisa, sus bailes, sus comentarios, sus gestos, todo transmitía felicidad, profesionalidad y pureza. La dirección de Ricardo Casero, que no dudó en animar al público en algunos temas como “Fonda de Dolores”, fue magistral como también lo fue la guitarra del inmenso Joan Vinyals que logró más de una ovación por su maestría.

Afortunadamente, y directamente desde Los Angeles, tuvimos la suerte de poder darle una ovación a Amparo Edo Biol, arreglista, que estaba allí presente. En lo que al repertorio se refiere Auserón apostó fuerte por sus discos en solitario y si bien todas las canciones fueron brillantes hubo tres momentos mágicos.

El primero fue la interpretación de “El carro” que si ya es magistral en la versión del disco en el que se editó ahora se convierte en una obra de arte. Las pinceladas de pasodoble, la interpretación de Santiago y la magnífica letra hicieron el resto. “Anabel Lee”, como no podía ser menos, nos trajo a ese Santiago de los noventa que tantos nos gusta y la orquesta echó el resto al interpretar con mucho sentimiento y energía este gran tema. “El desterrado”, tema inédito, fue otro punto álgido tanto por la letra como por la interpretación.

El bis, con una versión de “El canto del gallo” que nos dejó con ganas de mucho más, fue el cierre de una velada en la que apenas se pudo estar sentado en la butaca ya que cada canción merecía toda nuestra energía aplaudiendo y ovacionando a los inmensos músicos que teníamos en el escenario. Y lo mejor es que este proyecto musical no parece tener fin. A todos se nos ocurren al menos diez temas más que podrían tener una versión sinfónica para lograr que el emperador Auserón haga lo mismo que hizo en Córdoba, llegar, cantar y triunfar.

Crónica de David López para Miusyk.com, 7/7/2016.